Comarca: Sierra de Huelva. Aldeas: Armuña, Carboneras, Casavieja, Castañuelos, Chaparral, Corterrangel, Curuñeros, Jabuguillo, La Umbría, Las Granadas, Santa Marina, Valdezufre
Aracena, capital de la Sierra de Huelva, es una escapada que combina como pocas naturaleza, patrimonio y buena mesa. Bajo su cerro coronado por un castillo medieval y la iglesia prioral se esconde la Gruta de las Maravillas, la primera cueva turística de España. Rodeada por el Parque Natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche y cuna del jamón ibérico de bellota D.O.P. Jabugo, es el destino perfecto para quien busca senderos entre dehesas, pueblos blancos y una gastronomía de altura.
En coche, Aracena se encuentra a unos 90 km de Sevilla, algo más de una hora de trayecto: se toma la A-66 (Ruta de la Plata) y se enlaza con la N-433 dirección Portugal. Desde Huelva capital la distancia ronda los 100 km (en torno a hora y cuarto), atravesando el corazón de la provincia hacia la sierra.
En autobús, la compañía Damas cubre las conexiones de Aracena con Sevilla (salidas desde la estación Plaza de Armas) y con Huelva, así como con otros pueblos serranos. Aracena no dispone de estación de tren propia, por lo que las estaciones de RENFE más cercanas son las de Sevilla-Santa Justa y Huelva; desde cualquiera de ellas conviene completar el viaje en autobús o coche.
El aeropuerto más próximo es el de Sevilla (Aeropuerto Adolfo Suárez), a alrededor de 100 km. Una forma especialmente bonita de llegar es hacerlo por la propia N-433 desde Sevilla, una carretera paisajística que sube serpenteando entre dehesas de encinas y alcornoques y anuncia ya el ambiente de la sierra.
Los orígenes del poblamiento de la zona se remontan a época romana, cuando el entorno gravitaba en torno a los núcleos de Arucci y Turobriga, en la Baeturia Céltica, con una economía ligada a la explotación minera de Sierra Morena. Durante el periodo islámico, a partir del siglo VIII, el territorio quedó integrado en la cora de Isbiliya (Sevilla): se levantó una alcazaba en lo alto del cerro y a su alrededor creció un asentamiento andalusí que los textos árabes documentan con el nombre de Qatrasana.
La villa medieval nació precisamente en ese cerro donde hoy se alzan el castillo y la iglesia prioral, como población fortificada defendida por una cerca amurallada. La conquista cristiana llegó de la mano del rey portugués Sancho II, que tomó Aracena hacia 1231; tras un periodo en que la plaza alternó entre Castilla y Portugal, quedó definitivamente integrada en el Reino de Sevilla a mediados del siglo XIII. La repoblación de finales del siglo XIII trajo pobladores leoneses, gallegos y portugueses.
El castillo, de carácter militar y no residencial, se construyó a mediados del siglo XIII sobre la antigua alcazaba, vinculado a la labor repobladora y castellanizadora de la Orden de Santiago. Junto a la fortaleza se erigió la iglesia prioral de Nuestra Señora del Mayor Dolor, un templo de estilo gótico-mudéjar iniciado en el siglo XIII y concluido en el XV, con ecos de la catedral de Sevilla.
La cocina de Aracena es, ante todo, la del cerdo ibérico de bellota. La localidad se encuentra en pleno territorio de la Denominación de Origen Protegida Jabugo, y sus mesas giran en torno al jamón, la paleta y los embutidos ibéricos, además de carnes frescas como la presa, el secreto, el solomillo o la carrillada, criadas en las dehesas de encinas y alcornoques que rodean el pueblo.
A ese eje ibérico se suman los productos del monte mediterráneo: setas silvestres muy apreciadas en temporada (gurumelos, tanas, tentullos), castañas —protagonistas del otoño serrano—, y quesos de cabra artesanos. Guisos, migas y preparaciones tradicionales completan una despensa que ha valido a Aracena su reconocimiento como pueblo gastronómico.