Comarca: El Condado. Aldeas: Candón, El Álamo, Ermita de los Clarines, Fuente de la Corcha, Navahermosa
Beas es el pueblo del barro. En la frontera entre el Condado, la Campiña y el Andévalo, esta villa onubense fue uno de los grandes centros alfareros de la provincia, famosa por sus cántaros, tinajas y enormes lebrillos vidriados que aún hoy salen de sus talleres. A su tradición ceramista se suman una iglesia gótico-mudéjar de San Bartolomé, la devoción por la Virgen de los Clarines y su aldea, y un Belén Viviente que presume de ser uno de los más antiguos de Andalucía.
Beas se encuentra a unos 20 km de Huelva capital, con la que enlaza por la N-435 en algo más de 20 minutos. Hasta Sevilla hay del orden de 85 km, saliendo hacia San Juan del Puerto para tomar la A-49 (aproximadamente una hora). En autobús, el Consorcio de Transporte Metropolitano del Área de Huelva cubre la conexión Huelva-Trigueros-Beas. No tiene estación de tren propia: la referencia para media distancia es Huelva. Los aeropuertos más próximos son el de Sevilla y el de Faro (Portugal).
El término de Beas conserva restos que van del Paleolítico Medio a la Edad del Bronce, pasando por época romana e islámica. Tras la conquista cristiana del Reino de Niebla en el siglo XIII, la villa se integró en el entramado señorial de la zona (vinculada en distintos momentos al ducado de Medina Sidonia). En el siglo XIV se levantó la iglesia de San Bartolomé, de trazado gótico-mudéjar. Durante la Guerra de la Independencia el pueblo sufrió incendios de las tropas francesas. La alfarería marcó su economía y su identidad durante siglos.
La gastronomía de Beas se apoya en los productos de su campo (cereal, vid, olivo y patatas) y en el recetario tradicional de la zona. El aceite de oliva local es un producto destacado, base de guisos y aliños; completan la mesa la repostería casera de las fiestas.