Comarca: Cuenca Minera. Aldeas: La Poderosa, Traslasierra
El Campillo es un pueblo joven con un pasado intenso: nacido al calor de la fiebre minera de Riotinto, se independizó de Zalamea la Real en 1931 y creció en torno a la mina, el ferrocarril y el inconfundible paisaje rojizo del río Tinto. Situado en plena Cuenca Minera de Huelva, a un paso de las Minas de Riotinto, conserva la huella británica de su barriada minera, escoriales milenarios, dólmenes y una de las setas más apreciadas del suroeste, el gurumelo.
El Campillo está en la Cuenca Minera, muy cerca de las Minas de Riotinto. En coche desde Huelva capital son unos 71 km (en torno a una hora) por la N-435 y la A-461 pasadas Valverde del Camino y Zalamea la Real. Desde Sevilla son unos 88 km (aproximadamente una hora y cuarto). Los destinos más próximos son Zalamea la Real (unos 4 km) y Minas de Riotinto-Nerva (unos 8,5 km).
El transporte público en autobús lo cubre la empresa Damas, con conexiones a Huelva y a la Cuenca Minera. No hay servicio de tren de viajeros (el ferrocarril minero con parada en El Campillo se clausuró en 1978), de modo que la estación de RENFE más útil es la de Huelva. Los aeropuertos más cercanos son el de Sevilla (en torno a 90 km) y, más lejos, el de Faro (Portugal).
El Campillo fue durante siglos una aldea del término de Zalamea la Real dedicada a la agricultura y la ganadería. Todo cambió en el último tercio del siglo XIX, cuando la Rio Tinto Company Limited puso en marcha la gran explotación de las Minas de Riotinto y, muy cerca del pueblo, la Corta Atalaya. La apertura de estas explotaciones atrajo a numerosa población española y portuguesa y transformó el caserío agrario en un núcleo minero, con estación de ferrocarril propia en el ramal Minas de Riotinto-Zalamea la Real (los ramales entraron en servicio en 1904 y se clausuraron en 1978).
El crecimiento demográfico y las demandas sociales llevaron a su segregación de Zalamea la Real y a su constitución como municipio independiente en 1931. Según la información municipal, el pueblo nació con el nombre de Salvochea, en homenaje al político anarquista Fermín Salvochea, y pasó a llamarse El Campillo en 1936. La actividad minera de la zona se prolongó hasta 1987, cuando cesó por el agotamiento de los yacimientos y la caída de precios. Hoy su término forma parte del Paisaje Protegido de Río Tinto y del Sitio Histórico de Riotinto-Nerva, declarado Bien de Interés Cultural.
La estrella de la mesa campillera es el gurumelo (Amanita ponderosa), una seta silvestre muy apreciada que se recoge en primavera y se prepara asada a la brasa, revuelta con huevo o en tortilla. Otro plato tradicional son las habas enzapatadas. La cocina local se completa con guisos serranos y de dehesa propios de la Cuenca Minera.