Comarca: El Andévalo. Aldeas: La Joya, Lomero, Montes de San Benito, Pajarito
El Cerro de Andévalo es un pueblo del interior de Huelva encaramado, como dice su nombre, al regazo de un pequeño cerro en pleno corazón del Andévalo occidental. Aquí se conserva una de las tradiciones vivas más singulares y antiguas de toda la provincia: la romería de San Benito Abad, que arranca en 1594 y está declarada Fiesta de Interés Turístico de Andalucía, con su asombrosa Danza de las Lanzas ejecutada por siete 'lanzaores'. Rodeado de dehesas de encinas y de un paisaje marcado por su pasado minero, es un destino auténtico para quien busca folclore verdadero, patrimonio y campo abierto lejos de las rutas turísticas más trilladas.
El Cerro de Andévalo está en el interior noroccidental de la provincia. Desde Huelva capital hay unos 70 km (en torno a 1 hora): se sale por la N-435 y se continúa por la A-496 pasando por Sotiel Coronada y Calañas, y desde allí la HV-1421 sube hasta el pueblo. Desde Sevilla son unos 121 km (alrededor de 1 hora y 40 minutos) por la autovía A-49 en dirección Huelva y el mismo enlace hacia Calañas.
En autobús, las conexiones provinciales las opera la empresa Damas, que une el Andévalo con Huelva capital; las frecuencias son reducidas, sobre todo en fin de semana (conviene consultar horarios antes de viajar).
El municipio no tiene estación de tren propia. La línea de media distancia Zafra–Huelva atraviesa la comarca; el apeadero más cercano es el de Valdelamusa, a unos 12 km (estimación), mientras que la estación con más servicios es la de Huelva-Término, a unos 70 km.
Los aeropuertos más próximos son el de Sevilla (SVQ) y el de Faro, en Portugal, ambos a unos 130 km aproximadamente (estimaciones).
El territorio del Andévalo estuvo habitado desde muy antiguo. En las inmediaciones de la aldea de los Montes de San Benito se han encontrado restos de edificaciones turdetanas del siglo IV a. C., y de época romana se documenta en el término la explotación de minas de la zona. El propio topónimo, según la Guía de la Faja Pirítica de la Junta de Andalucía, alude a la pequeña elevación 'en cuyo regazo se asentó el primitivo núcleo de población'; 'Cabeza' y 'Lugar' de Andévalo sirvieron para denominar un extenso territorio: el Campo y el Cerro de Andévalo.
Tras la conquista cristiana del siglo XIII, la zona vivió sucesivas fases de despoblación y repoblación. El Cerro aparece despoblado en 1387 y se repuebla hacia 1427, pero las guerras castellano-portuguesas de finales del siglo XV lo dañaron de nuevo; el poblamiento definitivo se fija hacia 1502, cuando el lugar contaba con unos 220 vecinos pecheros. Durante los siglos XVI a XVIII el municipio consolidó su parroquia, hermandades, hospital y hasta escuelas de Gramática y una Cátedra de Latinidad, y libró una larga lucha judicial por ampliar su término. Fuentes de historia local recuerdan que llegaron a depender de El Cerro cerca de una veintena de pueblos hasta 1847.
El gran vuelco económico moderno llegó con la minería. A finales del siglo XIX se reactivaron las explotaciones de la Faja Pirítica en su entorno —la mina de La Joya y la de Lomero-Poyatos, entre los términos de El Cerro y Cortegana—, con capital y tecnología en buena parte británicos, y se tendieron ramales de ferrocarril para sacar el mineral hacia el puerto de Huelva a través de la línea de Zafra. El cierre progresivo de las minas a lo largo del siglo XX (La Joya dejó de extraer hacia 1975-1976) marcó el declive demográfico del municipio, que hoy ronda los 2.260 habitantes.
La cocina cerreña es de campo y dehesa: caldereta, migas, potajes de gurumelos (setas silvestres de temporada muy apreciadas en el Andévalo) y el 'caldo de San Benito' o caldo sanbenitero, ligado a la romería. Entre los platos frescos destaca la ensalada de orégano, y en la repostería sobresalen los pestiños, las anjuelas, las 'rosas', los roscos de puño (o roscos de Andévalo) y el dulce de membrillo con cidra y vino de pasas que se reparte en los días del Dulce.