Comarca: El Condado
El Rocío es la aldea más singular y célebre del término de Almonte: un caserío blanco de calles de arena sin asfaltar, casas bajas con soportales y palos para amarrar los caballos, asomado a la marisma de Doñana. Presidido por la ermita de Nuestra Señora del Rocío, es meta de una de las peregrinaciones marianas más multitudinarias del mundo, la Romería del Rocío, pero también un lugar de una atmósfera inconfundible el resto del año, cuando el silencio, los caballos sueltos y las aves de la marisma lo convierten en un rincón de aire casi del Lejano Oeste.
El Rocío se sitúa a unos 15 km del núcleo de Almonte por la carretera A-483, que atraviesa la aldea camino de Matalascañas. Desde Huelva capital dista aproximadamente 55-60 km (por la A-49 y la A-483) y desde Sevilla en torno a 65 km (por la A-49 hasta Bollullos/Almonte y luego la A-483). Es punto de paso obligado hacia la costa de Matalascañas, a unos 15-16 km más al sur.
El origen de El Rocío se vincula al hallazgo, según la tradición, de una imagen de la Virgen en el paraje de Las Rocinas hacia finales del siglo XIII. La primera referencia documental de la ermita y su entorno aparece en un deslinde de 1335 conservado en el Archivo Ducal de Medina Sidonia, cuando el lugar era conocido como Santa María de Las Rocinas. En torno al santuario fue creciendo poco a poco un pequeño caserío y, sobre todo, un fenómeno devocional que se consolidó a lo largo de la Edad Moderna con la fundación de las primeras hermandades filiales.
La devoción creció de forma imparable en los siglos XIX y XX. La coronación canónica de la Virgen del Rocío en 1919 marcó un antes y un después en la magnitud de la romería, que pasó de unos miles de peregrinos a las multitudes actuales, que superan el millón de personas en Pentecostés. La ermita actual, de estilo regionalista blanco, fue proyectada por los arquitectos Alberto Balbontín de Orta y Antonio Delgado y Roig y construida entre 1964 y 1969, en sustitución del templo anterior.
El trazado urbano de la aldea es fruto de su propia función: una retícula de calles anchas de arena, pensadas para el paso de carretas y caballos, con grandes diagonales que conducen hacia el santuario. Ese urbanismo tan característico, junto a su valor natural y devocional, ha llevado a que El Rocío haya recibido diversos reconocimientos: fue declarada Paraje Pintoresco en 1973, quedó incluida en el entorno del Parque Nacional de Doñana declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, fue distinguida como Aldea Internacional del Caballo en 1992 y declarada Bien de Interés Cultural en la categoría de Sitio Histórico en 2006.
La cocina de El Rocío comparte la despensa de Almonte y de Doñana: guisos de caza y de campo, carnes a la brasa y, en el capítulo del vino, los caldos del Condado de Huelva, con la uva zalema y el característico vino naranja. En temporada de romería es habitual el ambiente de comidas de hermandad al aire libre.