Comarca: El Condado
A muy poca distancia de Beas, sobre una loma desde la que se domina el curso bajo del río Tinto, se alza el Santuario de Nuestra Señora de los Clarines: una de las ermitas más antiguas y veneradas de la provincia de Huelva, levantada sobre los restos de un viejo castillo medieval. En torno a ella creció la aldea de Clarines y late la fiesta grande de Beas, la Romería de los Clarines, que a mediados de agosto congrega a miles de romeros en honor de la patrona del pueblo.
La ermita y la aldea de Clarines están a corta distancia de Beas, en la carretera que conduce hacia Candón y Niebla; no hay cifra oficial publicada, pero el trayecto desde el pueblo ronda los 2-3 km (estimación). En coche desde Huelva capital se llega a Beas por la A-49 y la N-435 (vía San Juan del Puerto y Trigueros), unos 25-29 km y en torno a 30 minutos, y desde allí se sigue la señalización a Clarines. Desde Sevilla son unos 95 km (alrededor de 1 hora) por la A-49. En autobús, la referencia es la línea M-101 Huelva-Trigueros-Beas del Consorcio de Transporte Metropolitano de Huelva (operada por Damas), con parada en Beas. Estación de tren más próxima: San Juan del Puerto (RENFE, línea Huelva-Sevilla), a unos 10-15 km de Beas (estimación). Aeropuertos: Sevilla (SVQ), a algo menos de 100 km, y Faro (Portugal), a unos 120-130 km. Una forma tradicional y muy real de llegar es el propio camino romero: cada 14 de agosto los devotos acompañan a pie, a caballo y en carros y carrozas a la Virgen desde Beas hasta la ermita, en un recorrido de unas cinco horas con paradas fijas.
La primitiva ermita de Clarines, como la mayoría de los santuarios rurales de Huelva, se edificó en la Baja Edad Media, en un enclave que la tradición vincula a una aparición mariana situada a comienzos del siglo XIV. La devoción cuenta con constancia histórica al menos desde ese siglo: en 2025 Beas celebró los 725 años de devoción a la Virgen de los Clarines, cifra que remite a los últimos años del siglo XIII o primeros del XIV.
El santuario se construyó sobre los restos, hoy apenas visibles, de un castillo o fortaleza que coronaba la colina y desde el que se otea el bajo Tinto; aún se aprecian vestigios de esa estructura defensiva en los contrafuertes exteriores que sostienen las bóvedas del presbiterio. Durante los siglos XVII y XVIII el culto creció con fuerza: entre 1735 y 1739 se levantaron el camarín de la Virgen y el retablo dorado, y en el mismo siglo XVIII se añadieron una capilla dedicada a San Benito y el pórtico de acceso. A finales del XIX y comienzos del XX se sumaron celdas y mejoras.
En 1957 se dispuso un nuevo camarín para Nuestro Padre Jesús de la Amargura. El terremoto de 1969 dañó gravemente el edificio, reconstruido al año siguiente, con restauraciones posteriores en 1980, 1990 y 2003. El templo es de nave única con cubierta a dos aguas, dividida en cuatro tramos por tres arcos carpaneles, y capilla mayor cubierta con bóveda de media naranja. Está catalogado como Bien de Interés Cultural en las Normas Subsidiarias de Beas.
La aldea de Clarines que rodea al santuario es, en cambio, mucho más reciente: se consolidó como asentamiento permanente a comienzos de los años 50 del siglo XX, al amparo de la ermita, y creció sobre todo a partir de los años 70 con viviendas usadas principalmente durante las fiestas.
La aldea no tiene una gastronomía propia diferenciada; comparte la cocina de Beas (gazpacho, caldereta, migas y dulces como piñonates, pestiños y empanadillas). Su momento gastronómico por excelencia es la convivencia romera de agosto, cuando las familias comen y celebran en el entorno de la ermita.