Comarca: Área Metropolitana. Aldeas: La Rábida, Zona de los Príncipes
En la margen izquierda del río Tinto, a apenas 14 kilómetros de Huelva capital, Palos de la Frontera es uno de los grandes nombres de la historia universal: de su puerto zarparon el 3 de agosto de 1492 las tres carabelas que cambiaron el mapa del mundo. Cabecera de la comarca de los Lugares Colombinos y parte del Área Metropolitana de Huelva, hoy conjuga su enorme legado del Descubrimiento -la iglesia de San Jorge, La Fontanilla, la casa de los Pinzón- con su condición de gran potencia agrícola: es tierra de la fresa y los frutos rojos, con la cooperativa Fresón de Palos a la cabeza de la producción europea.
Palos de la Frontera está a unos 14 km de Huelva capital: se llega en menos de 20 minutos por la A-494, que enlaza la ciudad con La Rábida y Mazagón. Desde Sevilla (unos 90 km, en torno a una hora), se toma la A-49 y, a la altura de Huelva, se enlaza con la A-494 dirección Lugares Colombinos/La Rábida. El municipio cuenta con parada de autobuses del Consorcio de Transporte Metropolitano de Huelva. El aeropuerto más cercano es el de Sevilla.
El poblamiento de la zona es antiquísimo y el propio topónimo procede del latín 'palus' (laguna, marisma), en alusión a los humedales del Tinto. Por su suelo pasaron tartesios, romanos, visigodos y musulmanes, pero la villa medieval cristiana se articula tras la Reconquista: en 1322 Alfonso XI donó estas tierras, y en 1379 Juan I las entregó a Álvar Pérez de Guzmán, considerado el verdadero fundador, que repobló el lugar y potenció la agricultura y el comercio marítimo.
Durante el siglo XV Palos vivió su época dorada como puerto atlántico volcado en el comercio con Europa, África y las expediciones a Guinea. El Tratado de Alcáçovas (1479) reservó a Portugal la navegación africana, y las incursiones ilegales de los marineros palermos les acarrearon una condena real: por una provisión de 1492 quedaron obligados a servir a la Corona durante dos meses aportando dos carabelas, la Pinta y la Niña. Fue este castigo, unido al respaldo del monasterio de La Rábida y de los hermanos Pinzón, lo que puso a Palos en el centro del proyecto de Cristóbal Colón.
La Real Provisión que ordenaba equipar las naves se leyó públicamente en la iglesia de San Jorge Mártir (mayo de 1492), de cuyas gradas partieron los marineros hacia el muelle. El 3 de agosto de 1492 zarparon la Santa María, al mando de Colón; la Pinta, capitaneada por Martín Alonso Pinzón; y la Niña, por Vicente Yáñez Pinzón. El 12 de octubre se avistó tierra, y el 15 de marzo de 1493 las naves regresaron a Palos culminando el primer viaje.
Paradójicamente, el Descubrimiento marcó el declive de Palos: la Corona concentró el monopolio del comercio con las Indias en Sevilla (y después en Cádiz), y la villa fue perdiendo población. El municipio adoptó el nombre de 'Palos de la Frontera' en 1642, y en 1925 Alfonso XIII le concedió el título de ciudad. El 22 de enero de 1926 el hidroavión Plus Ultra despegó de la ría del Tinto rumbo a Buenos Aires en el primer vuelo España-América. En la segunda mitad del siglo XX Palos volvió a crecer con la industria del polo químico de Huelva y, sobre todo, la revolución de la fresa y los frutos rojos.
La cocina de Palos mira al mar y a la ría: pescado y marisco de la costa onubense -gambas blancas, langostinos, cigalas, chocos con papas- conviven con guisos tradicionales como las habas 'enzapatás'. En dulces destacan los hornazos de almendra y cidra, y para acompañar, los vinos y mostos del Condado de Huelva. Pero el gran protagonista es la fresa y el resto de frutos rojos, presentes en postres y platos de temporada.