Comarca: El Andévalo. Aldeas: Romanera, San José, Vuelta Falsa
Paymogo es un municipio de la comarca de El Andévalo, en el extremo noroccidental de la provincia de Huelva, pegado a la frontera con Portugal ("la raya"). Pueblo blanco de vocación ganadera, minera y forestal, su gran seña de identidad es la iglesia-castillo de Santa María Magdalena, una fortaleza abaluartada del siglo XVII levantada para defender la línea fronteriza. Rodeado de dehesas, monte mediterráneo y la Ribera del Chanza, Paymogo ofrece un destino tranquilo ligado a la caza, la micología (gurumelos y trufas), las rutas del antiguo contrabando y una historia de siglos marcada por la vecindad portuguesa. En 2025 rondaba los 1.132 habitantes.
En coche desde Huelva capital: aproximadamente 95-105 km. Lo habitual es tomar la A-49 hasta Gibraleón y desde allí la N-435/A-495 en dirección al Andévalo hacia Puebla de Guzmán, para continuar por carreteras comarcales hasta Paymogo, ya junto a la frontera portuguesa (en torno a 1 h 20 min - 1 h 30 min, estimación). Desde Sevilla: unos 150-160 km, por la A-49 hasta Gibraleón y luego el mismo itinerario por el Andévalo (alrededor de 2 h, estimación). En autobús: la comarca de El Andévalo está cubierta por líneas interurbanas de la compañía Damas con salidas desde Huelva; las frecuencias hacia los pueblos fronterizos son limitadas y conviene consultar horarios. En tren: Paymogo no dispone de estación de pasajeros; la red ferroviaria de la zona fue de uso minero. Aeropuertos más cercanos: Faro (Portugal, aprox. 120-130 km) y Sevilla (aprox. 150 km), ambas cifras estimadas.
El poblamiento de la zona es muy antiguo: se han documentado restos prehistóricos en el término y la comarca de El Andévalo fue territorio minero desde época antigua. El origen del propio topónimo es discutido. La tradición popular lo vincula a la leyenda de un poderoso "mago" o curandero de Sierra Morena, de donde vendría "País del Mago" y, por evolución, Paymogo; la explicación lingüística más aceptada lo hace derivar de raíces relacionadas con un asentamiento de frontera (un "pagus" o poblado junto a un mojón o hito fronterizo). La grafía pasó de "Paimogo" a "Paymogo" en el siglo XIX.
Tras la conquista cristiana, la tradición sitúa la incorporación del enclave hacia mediados del siglo XIII vinculada a las órdenes militares y, más tarde, al señorío de los condes de Niebla (casa de Medina Sidonia). Durante la Edad Moderna el municipio vivió sobre todo de la ganadería (ovino y porcino) sobre las dehesas comunales, la agricultura de secano y los aprovechamientos del monte, con la miel y la cera como recursos destacados en el siglo XVIII.
La condición fronteriza marcó su historia. Con la Guerra de Restauración portuguesa (a partir de 1640), la villa sufrió ataques e incursiones desde el lado portugués, lo que motivó la construcción, hacia mediados del siglo XVII, de la fortaleza abaluartada sobre la que se levanta la iglesia de Santa María Magdalena, concebida como refugio y punto defensivo de la población. La frontera volvió a ser escenario de conflicto durante la Guerra de Sucesión española, a comienzos del siglo XVIII.
El siglo XIX trajo la reactivación minera del Andévalo: en el término se explotaron minas de piritas y de hierro-cobre como La Romanera, Del Agua, La Preciosa o La Condesa, actividad que impulsó la población hasta mediados del siglo XX. Cerradas las explotaciones, Paymogo volvió a una economía rural de ganadería, agroforestal, caza y productos del monte. Ya en el siglo XXI el yacimiento de La Romanera ha vuelto a la actualidad como parte de un gran proyecto minero polimetálico proyectado en la zona.
La cocina de Paymogo es la propia del Andévalo, ligada al monte, la caza y la ganadería. Destacan sobre todo los platos con gurumelos (seta silvestre muy valorada) y las trufas del terreno, así como los guisos de caza, el arroz con conejo, los productos del cerdo y la miel. El gurumelo tiene tal arraigo que da nombre a una feria gastronómica anual.