Comarca: Sierra de Huelva. Aldeas: Fuente del Oro, La Corte, La Presa
Santa Ana la Real es un pequeño municipio de la Sierra de Aracena (unos 475 habitantes, INE 2023), encaramado a 631 metros en un valle entre el Cerro Castillejo y las Cumbres de la Serrachuela. Más del 70% de su término está dentro del Parque Natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche. Es un destino ideal para quien busca casco de calles empedradas, casas encaladas con puertas y ventanas recercadas, castañares, cascadas y una fuerte tradición gastronómica serrana, a poco más de hora y media de Huelva o Sevilla.
El núcleo de Santa Ana la Real está a unos 100-101 km de Huelva capital (en torno a 1 h 30-1 h 45 en coche, estimación) y a unos 110-115 km de Sevilla (aprox. 1 h 30, estimación). El acceso habitual es por la N-433 (carretera Sevilla-Huelva por la sierra) hasta el entorno de Jabugo/Aracena y desde ahí por las carreteras locales de la sierra. En autobús, la empresa Damas cubre la Sierra de Aracena conectando los pueblos serranos con Aracena, Huelva y Sevilla (conviene consultar horarios, muy reducidos). No hay estación de tren en el municipio: la referencia ferroviaria más próxima es la línea Zafra-Huelva (Media Distancia), con apeaderos serranos como Jabugo-Galaroza y Almonaster-Cortegana a pocos kilómetros. Los aeropuertos más cercanos son el de Sevilla (SVQ), a unos 120 km (estimación), y el de Faro (Portugal), algo más lejos.
El entorno de Santa Ana está habitado desde antiguo: en la finca de Los Azulejos se han documentado grabados rupestres atribuidos a la prehistoria. Durante siglos el núcleo fue aldea dependiente de Almonaster la Real.
La independencia municipal llegó en pleno siglo XVIII: Fernando VI le concedió el título de villa el 18 de noviembre de 1751, en el mismo proceso de segregaciones que vivieron otros pueblos serranos respecto de Almonaster y Aracena. El terremoto de Lisboa de 1755 dañó la iglesia, que hubo de reconstruirse.
Durante los siglos XIX y XX la economía local giró en torno a la agricultura, la ganadería, el castaño y, de forma muy característica, la producción de cal: en el término se conservan más de una decena de antiguos hornos de cal (caleras) que abastecieron a la construcción y a la industria minera de la provincia hasta mediados del siglo XX, cuando el cemento industrial los dejó en desuso. La emigración rural del siglo XX redujo mucho la población.
Cocina serrana de matanza y monte: migas, picadillo de asadura y estofadillo entre los platos salados, muy ligados al cerdo ibérico de la dehesa. En repostería destacan los buñuelos de viento, las torrijas enmeladas y los pestiños. Completan la despensa local los productos ibéricos, los quesos artesanos, la miel, las castañas y las setas de temporada, con el gurumelo como seña de identidad micológica de la comarca.