Comarca: El Condado
Tejada la Vieja, en el término de Escacena del Campo (comarca de El Condado, Huelva), es uno de los grandes referentes de la Edad del Hierro en el suroeste peninsular: una ciudad protohistórica tartésico-turdetana fundada hacia el siglo VIII a.C. y rodeada por una imponente muralla que se conserva en pie. Levantada para controlar el comercio de la plata entre las minas de Riotinto y Aznalcóllar, es hoy Zona Arqueológica declarada Bien de Interés Cultural y puede visitarse con guía. Un viaje directo al mundo de Tartessos a poco más de una hora de Huelva y Sevilla.
El yacimiento se encuentra en el propio término municipal de Escacena del Campo. Desde Huelva capital hay unos 61 km (unos 45 minutos en coche) por la H-31 y las autovías A-472/A-481 hasta Escacena; desde Sevilla, unos 47-50 km (unos 45 minutos) por la A-49. Las visitas guiadas gratuitas están organizadas por la Asociación Cultural Scatiana y suelen partir del Centro de Visitantes de Escacena, desde donde se continúa en vehículo propio hasta el cerro (según la organización, el yacimiento está a unos 11 km del punto de encuentro por el camino de acceso). El terreno es pedregoso y con pendientes pronunciadas, no adaptado a movilidad reducida. En transporte público, Escacena está conectada por autobús interurbano (operador provincial Damas) con Huelva y con Sevilla. No hay estación de tren en servicio en el propio pueblo (el antiguo apeadero está en desuso); la estación de RENFE más próxima es la de La Palma del Condado, en la línea Sevilla-Huelva, a unos 15-20 km (estimación, conviene verificar horarios). Aeropuertos más cercanos: Sevilla (unos 70 km) y, más lejos, Faro (Portugal).
Tejada la Vieja se asienta sobre un cerro amesetado de unas seis hectáreas y media, en un punto estratégico entre la campiña y las sierras onubenses, dominando las rutas del mineral entre los distritos de Riotinto y Aznalcóllar. Fue fundada a finales del siglo IX o comienzos del VIII a.C., coincidiendo con la presencia fenicia en el interior del suroeste, y estuvo ocupada durante unos cuatro siglos, atravesando fases tartésica, orientalizante y turdetana.
Su economía se basó en la actividad minero-metalúrgica y en la redistribución del mineral, especialmente la plata, lo que explica tanto su ubicación como su temprana fortificación. El elemento más antiguo datado del yacimiento es precisamente su muralla, del siglo VIII-VII a.C., levantada con técnicas de claros referentes en el Mediterráneo oriental, prueba de la influencia fenicia desde los orígenes de la ciudad.
El asentamiento se abandonó de forma gradual en torno al siglo IV a.C., posiblemente al decaer la actividad minera; se cree que buena parte de su población se trasladó al cercano emplazamiento de Tejada la Nueva. El sitio se conoce documentalmente desde el siglo XVIII, pero su estudio científico no comenzó hasta finales de los años 70, cuando Antonio Blanco Freijeiro y Beno Rothenberg, que investigaban la arqueometalurgia de Huelva, repararon en la importancia de sus ruinas. En 1981 se publicó la obra que lo puso en el mapa científico y, entre 1982 y finales de los años 80, Jesús Fernández Jurado dirigió, por cuenta de la Diputación de Huelva, las campañas sistemáticas que estudiaron la muralla, el urbanismo y las edificaciones. En 2007 fue declarado Bien de Interés Cultural con la categoría de Zona Arqueológica. En los últimos años, la Universidad de Huelva (grupo Vrbanitas, con Clara Toscano) ha retomado labores de limpieza, consolidación y estudio.
El yacimiento no cuenta con gastronomía propia. La referencia es la cocina de Escacena del Campo, cuyo producto emblemático es el garbanzo y cuyo dulce típico son las 'orejas de Abad' (masa de harina, huevo, aceite y aguardiente), muy ligadas a la Semana Santa.