Comarca: Sierra de Huelva
Valdelarco es un pueblecito blanco encajado en un valle de la Sierra de Aracena, Conjunto Histórico protegido desde 1983 y conocido como el 'pueblo más dulce de Huelva' por su tradición mielera: a sus vecinos se les llama 'colmeneros'. Calzadas floridas, corredores para secar las cosechas, un arroyo que corre bajo la plaza y una iglesia barroca dedicada al Divino Salvador del Mundo componen una de las estampas más coquetas de la sierra. En octubre, su Feria de la Miel llena el pueblo de productos locales, artesanía y música.
En coche desde Huelva capital son unos 110 km (alrededor de 1 h 30) por la N-435 y, pasado Jabugo, la red serrana que pasa por Galaroza; desde Sevilla, unos 100 km (en torno a 1 h 20) por la A-66 y la N-433. En autobús, la empresa Damas da servicio a la comarca, habitualmente con llegada a Galaroza o Aracena y último tramo local, por lo que conviene consultar horarios. La estación de tren más cercana es Jabugo-Galaroza, en la histórica línea Zafra-Huelva, a unos 6-8 km. El aeropuerto más próximo es el de Sevilla, a algo más de 100 km. Por su situación, una manera con encanto de llegar es a pie: Valdelarco está enlazado por senderos con Galaroza y los pueblos del entorno, entre castañares y dehesas.
El origen de Valdelarco se vincula a la colonización cristiana posterior a la Reconquista. Fue aldea dependiente de Aracena, dentro de la jurisdicción de Sevilla, hasta que obtuvo el título de villa en 1773, en tiempos de Carlos III. Su casco, de trazado serrano con calles empinadas e irregulares, fue declarado Conjunto Histórico (Bien de Interés Cultural) en 1983.
El Diccionario de Pascual Madoz (1849) lo describía como un valle bien ventilado de clima fresco, y señalaba la castaña como su principal producción. A mediados del siglo XIX rondaba los 600 habitantes; hoy ronda los 240, conocidos como 'colmeneros' por la fuerte tradición apícola del lugar.
La gastronomía de Valdelarco gira en torno a la miel, su producto estrella, y a los derivados del cerdo ibérico de bellota (chorizo y jamón), fruto de las matanzas caseras del invierno. Son muy apreciados sus quesos curados (los llamados 'quesos pestosos'), y la castaña es protagonista del otoño serrano.