Comarca: Cuenca Minera. Aldeas: El Buitrón, El Pozuelo, El Villar, Estación de Buitrón, Las Delgadas, Marigenta, Membrillo Alto, Membrillo Bajo, Montesorromero
En pleno corazón de la Cuenca Minera de Huelva, Zalamea la Real es uno de esos pueblos que guarda más historia por metro cuadrado de lo que su tamaño sugiere. Aquí se levantaron dólmenes hace cinco mil años, los romanos abrieron su 'camino del cobre' y, mucho después, los mineros ingleses de Riotinto se aficionaron a su famoso aguardiente. Un destino de interior para quien quiere caminar entre sepulcros milenarios, perderse por la dehesa buscando gurumelos y descubrir un pueblo blanco orgulloso del 'la Real' que le regaló Felipe II.
Zalamea la Real se sitúa en el centro de la Cuenca Minera, a unos 67 km de Huelva capital (algo menos de una hora en coche) y a unos 92 km de Sevilla (en torno a 1 h 15 min por carretera). En coche se llega bien por la N-435 y la red comarcal que la enlaza con Riotinto, Valverde del Camino y Huelva.
En autobús opera la empresa Damas, que conecta Zalamea con Huelva, con Sevilla (estación de autobuses de Plaza de Armas) y con los pueblos de la comarca minera. Zalamea no tiene estación de tren propia; la opción ferroviaria más práctica pasa por combinar el autobús con la red de Renfe en estaciones del entorno.
El aeropuerto más cercano con vuelos comerciales es el de Sevilla (San Pablo), a algo más de 100 km; desde allí se completa el trayecto en coche o autobús.
Los orígenes de Zalamea se hunden en la prehistoria. Buena prueba de ello es el Conjunto Dolménico de El Pozuelo, once sepulcros megalíticos levantados entre el 3000 y el 2500 a. C., y las pinturas rupestres de Los Aulagares, testimonio de un poblamiento muy antiguo atraído por la riqueza mineral de estas tierras.
Con los romanos el lugar se convirtió en un enclave minero de primer orden. Se le identifica con la ciudad de los Callenses Aeneanici, topónimo que se ha interpretado como 'camino del cobre', en alusión al metal que se arrancaba de las minas cercanas de Riotinto y de explotaciones prehistóricas como la Mina Chinflón. Antes ya habían comerciado por aquí tartesios, fenicios y griegos atraídos por el mineral.
De la etapa andalusí procede el nombre: Salamun, que suele traducirse como 'lugar saludable y pacífico'. Tras la conquista cristiana en el siglo XIII (Fernando III incorporó estas tierras hacia 1252), el nombre se castellanizó en Zalamea. El apellido 'la Real' llegó de la mano de Felipe II, que en 1579 le concedió ese título y privilegios de villa.
Zalamea tuvo un término inmenso, del que con el tiempo se fueron desgajando pueblos hoy independientes: Nerva, Minas de Riotinto y El Campillo se segregaron en los siglos XIX y XX, en gran parte por los conflictos ligados a la explotación minera. De aquella conciencia territorial temprana da fe también un documento singular: sus Ordenanzas municipales de 1535, consideradas un precedente moderno del derecho ambiental por sus disposiciones sobre montes, aguas y aprovechamientos.
La cocina de Zalamea es de interior, serrana y de dehesa. Su producto más celebrado es el gurumelo (Amanita ponderosa), seta silvestre de finales de invierno que se prepara guisada, en revuelto o a la plancha. No faltan las migas, los guisos de caza y, sobre todo, los productos del cerdo ibérico criado en sus dehesas, con una notable tradición chacinera. En el capítulo dulce mandan los pestiños, las rosas, los roscos de vino y las tortas. Y para rematar, el gran distintivo líquido del pueblo: el aguardiente y el anís zalameños.